nohedichonada

Cosas que (me) pasan

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LLevo todo el día escuchando la misma cantinela (y ya se hace un poco pesado, la verdad…): “Qué tengas un buena entrada de año”. “Grácias” digo yo, aunque me voy pensando que quizás sea lo único medio decente que tenga en todo 2013. Y no es que quiera ser un cenizo ni pasar de ese rollo positivista que algunas personas (hay gente muy capaz de abstraerse de la realidad) rezuman por los cuatro costados, pero es que ya habido quien se ha encargado de amargarle la vida al más pintado. Me refiero a nuestros políticos, que por una vez y sin que sirva de precedente, han dicho sin tapujos ni atajos aterciopelados que en 2013 va a haber palos para todos. Un momento… para todos? O para los de siempre? Porque este año que está a punto de empezar ya empieza con las típicas subidas de transporte, agua, luz, gas…etc. Y eso solamente pasa el primer día del año, no quiero ni imaginarme lo que pasará durante los restantes 364 que quedan hasta el 2014.
Aparte de todo eso, habrá otras subidas (se aceptan apuestas a que el IVA será una de ellas), seremos rescatados, nos enviarán a The men in black from Brussels y, especialmente a los catalanes, el gobierno de Rajoy nos enviará las siete plagas de Egipto (ya que no puede enviar los tanques porque no queda bonito y mucho menos democrático y, sobretodo, porque no hay para gasolina y peajes), a ver si así consigue meternos en cintura. “Estos catalanes van a acabar con mi paciencia y con mi peinado”, debe estar pensando…
En fin, queridos/as que nos espera un 2013 de lo más movido. Sin embargo, y a pesar de todo, que lo paseis bien tonight que seas felices (por eso aún no cobran y no quiero dar ideas) y que sigamos en contacto por este blog. Y ahoraaa voy a decirlo!!!! FELIZ AÑO 2013!!! Aaaag, lo he conseguidooo.

Estanterías

Ayer fui consciente de mi estatura: 1.68 cm. Estaba en uno de los pasillos del centro comercial Alcampo y quería coger un paquete de jabón para la lavadora, marca Elena, para más señas. El problema és que los únicos paquetes disponibles en esos momentos estaban en lo más alto de la estantería. La cosa no fue a mayores porque un reponedor que estaba allí mismo me bajó de la suchodicha estantería uno de esos paquetes que luego utlilizamos para lavar la ropa en casa (que es dónde se tiene que lavar).

De todas formas, mi indignación era patente. Me sentí enano ante la altura de aquella estantería. Lo mío con aquella estantería era como una versión supermercado de David contra Goliath. Ante mi protesta por el hecho de que los productos estén a más de dos metros de altura, el reponedor intentó convencerme de que aquellos paquetes (de jabón) estaban de muestra. Según mis calculos, y explicado así, no están a la venta, aunque el reponedor me dijo que cuando se agotan los productos de abajo tiran de los de arriba. Otra cosa que no entiendo.  

Ahora comprendo porque a veces me encuentro productos tirados por lo suelos. No se puede hacer una tortilla sin romper huevos. O lo que es lo mismo: no se puede coger un producto de una estantería a dos metros de altura sin que “accidentalmente” tires otros productos.

 

“El hambre andando”

La frase no es mía. Es de mi abuela que para esa cosas tenía mucha mano. Cuando decía eso de “El hambre andado” se refería a esas personas que van por la calle tocando (o al menos, lo parece) un piano de esos, eléctricos, sobre un carretón. A veces también le acompaña alguien que toca la trompeta (o al menos, también lo parece). El repertorio hace un recorrido por lo más cañí de la cultura músical de este país y, en el que por supuesto, no puede faltar éxitos como Paquito Chocolatero.

El otro día estos músicos ambulantes desplegaron su “arte” delante del buzón de correos que hay al lado de mi casa, y que dicho sea de paso, está en la esquina de la calle. Nunca una esquina había cundido tanto. Estuvieron unos 10 minutos en pleno recital, aunque me temo que no sacarían mucho. Creo que fue el dia de Navidad y no se veía un alma por la calle y eso que debían ser las 10 de la mañana.

El personal ya tiene bastante con ver los “artistas” que salen por la tele. Y no es que sean mucho mejor que aquellos señores que, piano y trompeta en mano, hacían su propio show a pecho descubierto en la calle. No hace falta salir a la calle a buscar el circo. Lo tenemos en nuestra propia casa.

 

 

Sexo mañanero

Uno no sabe nunca cuando lo van a “asaltar” con alguna ida de olla. En mi caso, fue la otra mañana al salir del metro de Sant Antoni. Eran las ocho y veinte y yo caminaba contemplando el paisaje de la calle Carme mientras iba en dirección a la escuela (a trabajar, claro). Es una calle estrecha donde casi todo el mundo -a aquella hora- circula en dirección contraria a la mía. Mientras yo me voy adentrando en lo más profundo del Raval, la mayoría  parece como si huyese de la negritud y la decadencia del barrio. Como si se hubiesen puesto de acuerdo en que, las ocho y veinte de la mañana, es la mejor hora del día para explorar otras zonas más allá de los límites del barrio.

Fue al pasar por delante de una plaza en la que cada día hay unos cuantos indigentes armando gresca y hablando a gritos. Un señor de apariencia respetable -con el respeto que dan la edad y las canas- se me acercó y me dijo: ¿Oye, tu crees que yo le podría comer el coño a mi jefa? Cosa rara en mi, no supe que contestar. No se si porque en ese momento se me ocurrieron demasiadas respuestas o porque era demasiado pronto para soltar una de las mías. Lo dejé en un más que correcto y respetable “pues no sé”.  Pero me fui con una sonrisa disimulada hasta el cole. Entre otras cosas porque, tengo la impresión de que aquel señor no tenía “jefa” y tampoco me lo imagino con la “contraria”.

 

Samaritanos

Acabo de leer un estupendo reportaje que publica El País sobre la ayuda que prestan un equipo de psiquiatras y especialistas a todas esas personas que a diario vemos durmiendo sobre cartones y viviendo (si se puede decir así) en la calle. Creo que hacen una labor extraordinaria porque todo el mundo necesita ayuda. 

Muchas veces pasamos por delante de ellos y apartamos la vista. No se si lo hacemos por miedo, por vergüenza o porque pensamos que son ellos los que están ahí, pero podríamos ser cualquiera de nosotros y, en ese momento, nos recorre el cuerpo un escalofrío. Verlos ahí me lleva siempre a la misma reflexión: que débil y que frágil es la condición humana y entonces me rio de esos que se creen invencibles con sus millones y su actitud de creerse por encima del bien y del mal.

 http://www.elpais.com/articulo/cataluna/Psiquiatras/pie/calle/elpepuespcat/20091205elpcat_2/Tes

 

Intimidades sangrientas 

  Aunque parezca mentira, hay personas que no tienen ningún tipo de pudor ni recato en hacer públicas su vida, milagros y desgracias,  justo cuando hay más gente por metro cuadrado.

Me explico: esta tarde cuando volvía a casa en el bus ha subido una chica que se ha sentado justo enfrente de mi. En un momento dado, se ha sacado el móvil y ha llamado a una persona que, según todos los indicios, era su padre. Sin bajar en ningún momento el tono de voz, más bien elevándolo a cotas de contaminación acústica, ha empezado a explicar que ya no estaba con el que, según parece, había sido su compañero sentimental hasta hace poco. Sin ahorrarse detalles, ha dejado claro que el interfecto tenía “otra” desde hacía tres años con la que ya estaba liado antes de camelarse a la protagonista de esta historia. La descripción de la tercera en discordia ha sido de lo más gráfica y demoledora: “una negra gorda y asquerosa” que se encuentra a unos 15.000 kilómetros de distancia y con la que el colega se lo pasaba mucho mejor, aunque fuese hablando por teléfono. O sea, que el susodicho, tenía una aquí (la del bus) y la g… en la otra punta del planeta. Vaya, lo que viene siendo un trío amoroso de larga distancia.

Me ha sido imposible -y no creo que haya sido el único en 10 metros a la redonda- abstraerme a tan surrealista conversación telefónica. Y eso que a esas horas de la tarde no apetece nada escuchar historias más propias del “Diario de Patrícia” que de una persona que viaja camino de casa después de su jornada laboral.

Hay gente que no conoce el sentido de las palabras “privacidad” e “intimidad” y cree que el resto de los mortales estamos interesados en ciertos asuntos que corresponden al ámbito doméstico del que es mejor no desvelar detalles. Y mucho menos si vas en un autobús donde casi cada día coincidimos las mismas personas. Que luego todo se sabe…

  1. !impresionante,nen no se que haces de conserje dedicate al periodismo que tu vales mucho me ha gustado mucho tu blog,ves con cuidadin por el raval que hay gente muy rara te lo deice uno que solo ha estado 42 anos en el barrio el que queda estuvo en jaca ,te suena . un abrazo ,tu vales mucho..

    • Ei, Agustí, me dedicaría porfesionalmente si la cosa estuviese mínimamente bien pagada pero tal como están las cosas en estos momentos, me quedo en el Milà i Fontanals. Muchas gracias por tu elogios. Espero que no te desconectes y entres de vez en cuando. Un abrazo fuerte.

  2. Me gusta lo que dices y cómo lo dices. Te agrego. Seguiré tu blog. La cosa está tan fea
    que uno busca afinidades donde sea. Atentamente.

    • Hola,

      agradezco tu comentario. Lo cierto es que últimamente no he escrito nada y no será porque no hay de qué hablar. Sólo con las elecciones autonómicas que tendremos la semana que viene, aqui, en Catalunya ya tengo para escribir sobre la poca o nula eficiencia de eso que llamamos “nuestros políticos” y a los que yo creo que, más bien, deberíamos llamar “la nueva aristocracia”.

      Vuelvo a agradecerte tu comentario que, como muchos otros que recibo de vez en cuando, me animan a seguir escribiendo. Voy a tener que plantearmelo un poquito más en serio.
      ´
      Finalmente, sólo me queda una cuestión. Saber desde donde me lees (es por pura curiosidad) porque creo que (al menos, me lo ha parecido) eres extranjero.

      Un saludo y hasta la próxima.

      Jordi

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